PROPUESTA PARA UN LAREDO CON FUTURO

El turista que no haya venido a Laredo en 15 años, se llevará la sorpresa de encontrarse con la villa tal y como la recuerda de entonces. Sin embargo, este mismo turista se acerca a las vecinas Castro Urdiales o Noja, y no acierta a encontrar la Puebla Vieja o la Playa del Ris ..., no las reconoce. Uno no es que esté completamente de acuerdo en como se han desarrollado estas villas vecinas, tal vez con un crecimiento urbanístico desmesurado, pero lo cierto es que, comparativamente, el tiempo parece que se ha detenido en la villa pejina.

Un nuevo ramal de entrada al ensanche, un pequeño polígono industrial conservero, y poco mas se ha llevado a cabo en estas tres décadas, lo que constituye un pobrísimo balance para la capital de la costa esmeralda. La incapacidad de la clase política que ha gobernado en la villa (ha habido para todos los gustos y colores en estos años) ha sido de tal calibre que ni siquiera ha podido sacar adelante un PGOU que muchos piensan va a servir de plataforma para sacar a Laredo de este parón monumental.

Pero el problema de Laredo es de gran calado y no se reduce únicamente a que en los últimos nueve años esté paralizado un ya de por sí manoseado Plan General. El problema viene de lejos y arranca en los años 60 cuando Laredo, animada por su extraordinaria Playa Salvé, se enfoca erróneamente hacia lo que actualmente se conoce como “destino turístico de sol y playa”, construyéndose alocadamente apartamentos y chalets que compraban a buen precio los turistas franceses y también los españoles de clases medias que ya empezaban a poder disfrutar de rentas suficientes con las que adquirir su soñado apartamento de verano. Los veraneos de entonces duraban los tres meses y el turismo de sol y playa permitía a hosteleros, comerciantes y muchos particulares de Laredo “vivir del verano” el resto del año. Los fines de semana, puentes y pequeñas vacaciones suponían un extra a la hostelería y al comercio pejino.

En los años 70 y sobre todo en los 80 y 90, la gran demanda compradora de las comunidades vecinas, especialmente del País Vasco, hace que las viviendas en Laredo alcancen precios desorbitantes, generándose un proceso especulativo que se extiende a todos los bienes y servicios. Laredo se convierte en una ciudad cara para vivir y para veranear. El resultado es que los franceses y muchos de los madrileños y castellanos que compraron barato en los 60 y 70, se deciden a vender sus apartamentos a los vecinos vascos, que pagan cifras astronómicas por ellos. Mientras, el veraneo de tres meses de los 60 y 70 se hace cada vez mas corto, llegando al mes escaso en la actualidad. Por otro lado, gran parte de la juventud pejina emancipada tiene ahora que “emigrar” de Laredo para poder comprar una vivienda asequible en los pueblos vecinos.

El resultado es desolador ya que actualmente Laredo es una villa envejecida, con una media de población de edad avanzada, estática, con un dinamismo social empobrecido: la vida se concentra en las mañanas y básicamente en aspectos administrativos (bancos, juzgados, hospitales, notarios ..., etc) “a las 9 de la noche Laredo está muerto”. Y lo que es peor, LAREDO NO TIENE PROYECTO DE FUTURO.

El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) es una herramienta muy útil para el desarrollo sostenible de una ciudad como Laredo. Sin embargo, el plan presentado y, por cierto, rechazado, incide y abunda en los errores del pasado, con la incorporación de miles de viviendas que las infraestructuras actuales no pueden sostener. El modelo de Castro Urdiales y Noja, hoy en día no puede extrapolarse a la villa pejina porque es directamente inviable. Pero lo mas preocupante de este PGOU es que en realidad no plantea equipamientos de futuro que pongan un rumbo a la villa, que orienten a Laredo hacia un proyecto definido. Y es que no existe ese proyecto; no sabemos si por desidia, por pereza, por siniestros compromisos adquiridos, o simplemente por falta de ideas, el caso es que, en mi opinión, falta un modelo de desarrollo turístico para Laredo.

Hace unos años Laredo pudo contar con un Plan de Excelencia Turística que no sirvió mas que para “parchear y maquillar” una realidad turística en claro declive e inyectar unos pocos millones de euros en puntuales reformas de dudosa realización. El Plan no sirvió para apuntar una política turística definida, sino para abordar pequeños proyectos puntuales sin una línea de actuación. Se ha hablado no hace mucho de orientar la política turística de la villa, desestacionalizando así la clásica de sol y playa, hacia una con un marcado carácter cultural. Lo cierto es que la villa puede acoger eventos culturales puntuales o temporales (cursos de verano), tener una dotación en infraestructuras de esta naturaleza (futuro Conservatorio, Casa de la Cultura ..., etc), un interesante patrimonio, pero realmente no puede competir siquiera con las ciudades vecinas de Santander (el Palacio de Festivales o la U.I.M.P) o Bilbao (el Museo Guggenheim como motor turístico de la capital vizcaína). Si es problemático orientar la política turística de Laredo hacia el Turismo Cultural, que decir del Turismo de Congresos o el Turismo de Compras. En definitiva, hoy en día ¿qué puede hacer un turista en Laredo?, o dicho de otra forma ¿qué ofrece Laredo al visitante?

No obstante, si observamos la villa desde el aire, contemplando por ejemplo una fotografía aérea, vemos que Laredo se encuentra en un enclave natural privilegiado, flanqueada y configurada por la desembocadura del Asón y el propio Cantábrico, en un alarde plástico de una extraordinaria belleza. La Naturaleza se convierte así en un activo que por si mismo tiene un potencial turístico de primer orden, pero este potencial no tiene ni debe ser usado como freno para impedir desarrollos turísticos, que no urbanísticos, racionales y sostenibles. Me refiero a medidas proteccionistas, como el P.O.R.N. o el P.O.L., que parecen querer poner freno a los desmanes del pasado. Hoy en día se pueden y se deben hacer determinadas actuaciones en “zonas sensibles” porque existen criterios conservadores y respetuosos con el medio ambiente que incluso llegan a mejorar determinadas áreas degradadas o desvirtuadas años atrás. En este sentido, las propuestas que planteamos a continuación se pretenden ubicar en terrenos protegidos en donde la actuación a realizar debe de ser exquisita desde el punto de vista ecológico, con una implantación que armonice y equilibre los usos del suelo con el entorno. En definitiva, estoy convencido de que el desarrollo de proyectos relacionados con el TURISMO DEPORTIVO en estos espacios naturales debe de constituir la apuesta de Laredo para una política turística de futuro que complemente al Turismo de Sol y Playa y permita desestacionalizar el mismo, dinamizando e impulsando la economía local.

Este Turismo Deportivo debe de pivotar e interactuar principalmente sobre 3 sectores que por si mismos ya representan una verdadera industria en el ámbito turístico:

  • El Turismo Náutico
  • El Turismo Ecuestre
  • El Turismo de Golf

Respecto al primero, hay que decir que en Laredo tiene un camino ya recorrido con la presencia en la villa desde hace muchos años del Real Club Náutico que cuenta con la experiencia de haber organizado numerosas regatas en distintas clases. Por otro lado, la construcción del nuevo Puerto Deportivo con cerca de 1000 atraques aporta la infraestructura necesaria para que este Turismo Náutico se consolide en la villa. Este nuevo puerto permitirá afianzar el turismo de yates y veleros, segmento en constante crecimiento y que posee un elevado impacto económico directo. Los últimos estudios sobre el sector en España (2005) arrojan cifras interesantes al respecto: el numero medio de tripulantes por embarcación fue de 3,9; el gasto diario por persona fue de 122 € y la estancia media en puertos fue de 5,3 días. Estos datos son relevantes teniendo en cuenta principalmente que ese año el gasto diario del turista “normal” fue de solo 78 €. Por otro lado, sería importante que una infraestructura de las proporciones del nuevo puerto de Laredo estuviera dotado con una importante zona de ocio y restauración y, al menos, con un hotel de primer orden que contara con servicios de Spa, Thalasoterapia .., etc.

En cuanto al Turismo Ecuestre hay que decir que Cantabria, con algo más de 27.000 caballos, es la Comunidad Autónoma de España que cuenta con más caballos por habitante. La zona del Sable en Laredo tiene una importante cabaña caballar, y en ella se han establecido desde hace ya muchos años varias yeguadas, un centro hípico y se trata de una zona que posee una gran tradición en la cría y entrenamiento de “puras sangre” y caballos de paseo. Es fácil ver por la ría del Regatón a caballos de carreras entrenando al galope o a grupos de jinetes al trote, a lomos de caballos adiestrados específicamente para un paseo tranquilo. Lo que necesita Laredo para consolidar este sector es la construcción de un Hipódromo y un Centro Ecuestre con Pista de Saltos (la zona conocida como Monte Podrido, junto al arroyo del Regatón, es la ideal) de forma que carreras y saltos se complementen y formen con la cría y los paseos a caballo una verdadera industria del Turismo Ecuestre en la villa. Los datos, únicamente referidos a los concursos de salto (sin contar carreras, doma, cría, enseñanza ..., etc) en el año 2005 son elocuentes: los jinetes que participaron en los diferentes concursos de salto realizaron un gasto medio diario de 132 €, contabilizándose un desplazamiento de 2,6 personas por montura y por prueba y una estancia media de 3,5 días. La cifra total en ese año de 60 millones de euros, unos 9.000 millones de las antiguas pesetas, empieza a indicar el nivel de aportación económica del sector ecuestre en una de sus parcelas como es la competición en concurso de salto. El impacto económico del sector ecuestre tiene que ampliarse al resto de las competiciones como las carreras, a las actividades relacionadas con la cría y otras como las vinculadas con el mundo de la enseñanza y formación.

Finalmente, es importante señalar que el golf es uno de los productos turísticos con mayor proyección, tradición y oferta dentro del panorama del turismo deportivo en España, tanto por sus efectos directos en los ingresos turísticos, como por la contribución que este tipo de turismo aporta al desarrollo del turismo de calidad y a la diversificación ydesestacionalización de la oferta turística. En Laredo supondría el complemento ideal a los sectores náutico y ecuestre y necesitaría de la construcción de un Campo de Golf de 18 hoyos. El lugar ideal sería la zona del Sable, desde el Real Club Náutico hasta el camping del Regatón, lugar donde el Laredo Club de Golf (con 10 años de experiencia en la organización de pruebas) ha diseñado un recorrido en el que se hace especial hincapié en los aspectos de respeto a la fauna y la flora del lugar, regenerando una zona actualmente muy degradada. Por otro lado, algunos datos económicos sobre el turismo del golf en el estudio publicado por Aymerich Golf Management (2005) reflejan esta apuesta de futuro para Laredo: el golf movió ese año en España 2.375.000 €, con un gasto por persona de 140 €, siendo la estancia media de 7 a 9 días y un gasto de entre 4 y 5 green fees (salidas al campo) por estancia.

Estos 3 sectores se complementan (y no son excluyentes, todo lo contrario) con la amplia tradición deportiva pejina reflejada en los numerosos clubes de toda índole que organizan a lo largo del año un gran número decompeticiones. Consolidar y aumentar si cabe estas importantes y variadas pruebas deportivas (elegir cuidadosamente los calendarios para que las competiciones redunden también en beneficio de la hostelería y el comercio de Laredo ) es abundar en esta idea de presentar a Laredo como un destino turístico nacional en el ámbito deportivo.

TEXTOEn definitiva, es cierto que Laredo debe de seguir creciendo, pero creo que debe de hacerlo de una forma sostenible, aumentando paulatinamente el número de viviendas (es innegable que la construcción representa un importante motor para cualquier economía) con un porcentaje de viviendas dirigido a segmentos de población con menor poder adquisitivo, especialmente para los jóvenes (Laredo se queda sin “músculo”); pero también es cierto que la villa debe de tener un rumbo bien marcado y trazado para consolidarse sin tener que depender únicamente de la construcción o de los días de sol y playa. Apostar firmemente por EL TURISMO DEPORTIVO como destino, seña, imagen y hasta marca, es el reto de ahora para el futuro de Laredo.

 

Pedro A. GarcĂ­a Hernando